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La música social plantea sin lugar a dudas un cambio rotundo sobre la percepción que tenemos a fecha de hoy sobre el panorama del mercado musical actual. Pensad cómo podría ser el mundo de la música si pudiésemos elegir quién sigue adelante en su carrera musical, pero no a través de un mando o de una pantalla de una televisión, sino a través de una simple comunicación.

Música social para asegurar calidad

Imaginad cómo seria poder contribuir a difundir la música del artista que encontráis en la calle, y que os gusta un montón, o la de vuestros amigos, que ensayan todas la semana en el garaje y se mueren por encontrar un espacio en el que darse a conocer y porque no, sacar algún dinerillo extra.

Imaginad cómo sería el mundo de la música si cada uno de nosotros pudiera ser responsable de difundir la que nos gusta, sin ningún coste, solo con las herramientas que tenemos al alcance. Tanto es así, que los músicos serían libres de tocar lo que quieran, sin seguir las reglas del mercado, solo con la voluntad del público ante el  cual el músico toca. En esta última instancia es el público el que decide y debe decidir.

Bueno, este mundo se podría definir como el mundo de la música social, que es aquella que está más cerca de nosotros, la que podemos ver y escuchar en directo de camino al trabajo o dando un agradable paseo por cualquier plaza, calle o esquina de la ciudad. Habiendo explicado esto ¿qué entendemos por música social vs. música comercial?

Música comercial

En España más o menos el 75% del mercado de la música está controlado por las principales discográficas. Estas, controlan los hits que van a salir en el mercado y los que no.

En su mano están también la distribución y la promoción, condicionando así los gustos de los consumidores hacia unos pocos productos de éxito, creando una gran barrera para todos los demás agentes de la industria musical, desde los músicos emergentes hasta las pequeñas y medianas empresas.

La música que sale de las majors es la que llamamos música comercial y que nos llega a través de los medios de comunicación.

Cuando nos enfrentamos al tipo de música comercial, no podemos hacer nada más que disfrutar pasivamente de ella.

La música que nos hacen escuchar a través de los diferentes medios, no la podemos juzgar ni mucho menos saber si ha sido especialmente elegida por algún crítico entendido en la materia. Al final de tanto bombardeo, acabamos apreciando la canción que nos proponen.

Según un estudio de hace algunos años, para que nos guste una canción tenemos que escucharla por lo menos 7 veces, para poder vincular la música y el texto. ¡Imaginad que efecto puede tener escuchar una canción 50 veces al mes, entre televisión, radio, discoteca, supermercados, etc!